AROMAS DE INFANCIA

PIPA, mirando la tele.


AROMAS DE INFANCIA


Pasear a Pipa a las 12 de la noche por las calles solitarias de esta localidad levantina en el mes de Abril es un verdadero privilegio. El aire está impregnado de maravillosos olores no identificados por mi pituitaria salvo el de azahar. Solo se que son olor a infancia, me transportan a un tiempo relacionado con lo mejor de aquella época. Me resulta muy difícil de definir porque no soy buena describiendo, me tengo que remitir a las analogías para poder transmitir las emociones que me embargan. Cierro los ojos y siento como si la niña que fui caminara a mi ladito apretándome la mano con que sujeto la correa de Pipa. En tiempos de infancia visitábamos a la familia por Pascua florida, es decir, por Semana Santa. Pertenezco a un clan oriundo del jazmín, del azahar y del olivo; de olas y arena, de tellinas y arroz, de fuego y pólvora. Todos mis ancestros proceden de esta parcela mediterranea, donde tantas sangres se fundieron: cartagineses, judíos, moros, cristianos y otros tantos, para acabar ofreciendome esta vida, que tanto más amo cuanto más la respiro. Este perfume, esta brisa es vida misma que me alberga. Y me siento agradecida y me perdono el haber renegado del lugar en tiempos de crisis, seguramente porque me habría olvidado de su aroma, anteponiendo verdes valles y colinas que me eran ajenos. De esto último me he percatado casi cincuenta años más tarde, y el reconocimiento de aquellos aromas tan familiares me ha proporcionado la reconciliación con aquella niñita que me huele a gloria. No hay nada como perder algo, como tomar distancia, para poder apreciarlo, en este caso algo tan simple como el olor de mi tierra.


Por haber nacido en Madrid, tan lejos del azahar y del griterío de mis primos, siempre me sentí apátrida. La ciudad era gris y fea, y aunque mis padres me trajeran al levante para visitar la familia siempre envidiaba a mis compañeros que contaban con naturalidad lo bien que lo habían pasado en “su pueblo”. La familia de mis padres vivía en “pueblo” pero ese no era mi territorio, todo me era prestado.


Nunca me ha gustado vivir de prestado pues debo de tener un fuerte sentido de la posesión, y mi infancia tuvo mucho de usura. Pero ya soy mayor, por fin soy mayor, siempre quise serlo, pero ahora soy mayor de verdad y tengo mi territorio y me puedo identificar con mis ancestros porque ya tengo un pueblo de donde salir y entrar sintiendome parte de él.

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Peripatética.
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Una respuesta a AROMAS DE INFANCIA

  1. Yo saco a pasear al mío (Randy) a las cinco o seis de la mañana, que más bien es de noche. Pero en realidad no lo saco sino que es el pretexto porque yo soy el que salgo a pasear y él me acompaña. Y es cierto, los olores a esa hora están limpios, las calles solitarias y todo el cielo nocturno nos pertenece mientras los durmientes ciudadanos dejan que sus espíritus viajen lejos, muy lejos.
    Yo no vivo en España sino en México, por lo que siempre es recomendable tomar algunas precauciones al salir a pasear.

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