DE CIGÜEÑAS Y VALORES

No conozco quien no disfrute viendo el vuelo de la cigüeña. Casi siempre nos encontramos cerca de algún pueblo con campanario. Desde luego son aves de altos vuelos, siempre anidan en los puntos más altos, ¿serán ambiciosas? Porque en altura sólo les deben ganar las aves rapaces. Desde luego son migratorias, no conciben su existencia sin el viaje, sin la alternancia, sin la variación. El impulsor de su instinto viajero es el clima, como ocurre con tantas aves. Sus nidos son amplios, muy sólidos y contundentes, que una vez vi como retiraban uno y tuvieron que utilizar una grúa.

Lo más probable es que en mi próxima vida elija encarnarme en cigüeñita, bueno cigüeñito tampoco me importaría. Tengo entendido que son fieles y muy colaboradores en las tareas del nido. Es tan romántico.

La autora de estas líneas se siente nómada, también le agrada vivir en distintos lugares según la época del año y gusta disfrutar de diversos hogares situados lo más alto posible, aunque existan otros todavía más elevados, como los de las águilas. No ha pensado en convertirse en águila o halcón porque todavía no ha desarrollado las tragaderas suficientes para alimentarse de carnes inocentes. La cigüeña es un ave más modosita, más parecida a las demás: se conforma con gusanitos e insectos que le deben cundir mucho porque tiene un tamaño lo suficientemente grande como para acarrear bastante peso en su pico.   Y no digo que estos bichitos no sean tan inocentes como las crías de gamos, que lo son, pero parecen mucho menos sensibles y están más alejados de nuestra posición en la escala de la biodiversidad. Podría pensarse que las aves depredadoras son más valientes que las demás, pues seguramente sí, y resultaría que la menda es cobardona y prefiere alimentarse menos conspicuamente, como las cigüeñas.

Otro motivo por el que las cigüeñas resultan simpáticas es porque la tradición les ha atribuido el privilegio de transportar a los cachorros de la nada a la cuna de los mamíferos racionales. Sí, me refiero a esos bípedos sin alas tan capacitados para ocultar sus supuestas vergüenzas, dado que durante tanto tiempo la reproducción fue tema tabú de muchos urbanitas.

Estos últimos son los que menos contacto directo tienen con la naturaleza ya que los campesinos desde tiempos inmemoriales aplicaron la fricción como productora de vida y han ido por el monte frotando cantos para encenderse un fuego y mantenerse calientes. Los habitantes del campo, tienen ocasión de tener una alimentación de lo más variada: todo lo que corre, nada o vuela va a la cazuela, amén de aquello que la tierra ofrezca, bien sea hoja, fruta o grano, mas los productos del supermercado más cercano. Según lo expuesto serían como las águilas.

Los habitantes de las ciudades somos más cobardones, muchos nos sentimos incapaces de matar una gallina pero nos comemos su pechuga con toda tranquilidad. Más que cobardes, pusilánimes y cínicos.  Cuando sea mayor no podré ser águila todavía, así que me conformaré con la segunda opción, seré cigüeña.

Toda mi simpatía hacia este animalito surge no solo de su capacidad para anidar en los campanarios, es decir de situarme por encima de lo sagrado, que es algo muy arraigado en mi estirpe, sino también de su magnífica virtud de convertir lo inservible y perecido en parte de su nido.

Es bien sabido que las aves forman sus nidos con los sobrantes desparramados del lugar donde se encuentran y aunque nos pueda parecer que escogen indiscriminadamente no es así, lo que ocurre es que casi todo les vale. Deben tener una imaginación extraordinaria para encontrarle aplicación a cosas tan diversas. Desperdicios para nosotros material de construcción para ellas. Por tanto, ennoblecen nuestros desechos.

Confesaré que se me escapa la vista hacia los contenedores de basura, podría decirse que en una vida anterior fui mendiga y quién tuvo retuvo, como dice el refrán, pero como estoy segura de no haber sido nada antes de ahora, no me vale. Prefiero pensar que mi creatividad se dispara, como ocurre con las aves, y me gusta encontrar utilidad y belleza en objetos que otros desprecian. Resulta emocionante transformar algo viejo en algo nuevo con ayuda de agua, pegamento, pintura y algún clavo que otro.

Desplazando esta forma de razonar desde el plano material a otro más intangible se siente una gran felicidad cuando una serie de acontecimientos sin importancia se entrelazan para dar lugar a un pensamiento original que engloba a todos los anteriores. Esta debe ser la base de los refranes. Lo mismo debe sentir nuestra cigüeña desde su nido, con su vista de pájaro puede captar su entorno de una vez.

Me aburre mucho ver que todos estamos educados según una escala de valores repetitivos, no se trata de juzgar, pero cierto es que ciertas valoraciones son tan compartidas como los atascos de tráfico en días u horas punta. Supone un enorme esfuerzo mantenerse fiel a dichos valores, a veces no queda más remedio que hacerlo porque nos han hecho creer que en ello nos va la vida, pero otras veces, para mis entretelas, tengo la certeza que puedo cambiar lo que no me guste.

Poco a poco, un buen día, te das cuenta que han cambiado la mayoría de los pilares donde se apoyaba tu vida. Ya no tiene sentido seguir atascado. Tampoco incomodan tanto los pensamientos negativos ajenos porque se sabe que los propios podrían ser aún peores. Vivir con menos dinero es posible porque la mayoría de las cosas no resultan necesarias y si lo fueron ya han cumplido su función y resultan aburridas. Y es que el aburrimiento es una emoción que nos puede dejar exhaustos. Cercano al olvido, que es como decir a la muerte; lo mejor que puede ocurrir en medio de tanta desgana es que surjan tentaciones de cambio. Este ayudará a que no cueste nada abandonar lo que nos está ahogando porque cualquier novedad será mejor mientras nos dure su misterio.

Parece que este proceso es más proclive a edades más maduras, cuando la experiencia debería abundar, es decir cuando se acumula la repetición de errores. Se siente la falta de presión del chorro de vida. Se echa en falta fuerza. Es la depresión que nos acecha y podemos convertirnos en depresivos compulsivos. ¡Qué aburrido es todo! Mejor largarnos. ¿Cómo hacerlo? El paseo debería iniciarse con el músculo del pensamiento, pero si este no está debidamente ejercitado, empezar por un cambio de ambiente ayudaría. Luego hay que “fajarse” bien y preparar una salida de escena lo más digna posible, con las muletas que cada cual considere oportunas. Nadie recordará ya cómo nacimos pero sí cómo morimos, quizás con la basura restante se pueda componer un “collage” razonable.

No conozco quien no disfrute viendo el vuelo de la cigüeña. Casi siempre nos encontramos cerca de algún pueblo con campanario. Desde luego son aves de altos vuelos, siempre anidan en los puntos más altos, ¿serán ambiciosas? Porque en altura sólo les deben ganar las aves rapaces. Desde luego son migratorias, no conciben su existencia sin el viaje, sin la alternancia, sin la variación. El impulsor de su instinto viajero es el clima, como ocurre con tantas aves. Sus nidos son amplios, muy sólidos y contundentes, que una vez vi como retiraban uno y tuvieron que utilizar una grúa.

Lo más probable es que en mi próxima vida elija encarnarme en cigüeñita, bueno cigüeñito tampoco me importaría. Tengo entendido que son fieles y muy colaboradores en las tareas del nido. Es tan romántico.

La autora de estas líneas se siente nómada, también le agrada vivir en distintos lugares según la época del año y gusta disfrutar de diversos hogares situados lo más alto posible, aunque existan otros todavía más elevados, como los de las águilas. No ha pensado en convertirse en águila o halcón porque todavía no ha desarrollado las tragaderas suficientes para alimentarse de carnes inocentes. La cigüeña es un ave más modosita, más parecida a las demás: se conforma con gusanitos e insectos que le deben cundir mucho porque tiene un tamaño lo suficientemente grande como para acarrear bastante peso en su pico.   Y no digo que estos bichitos no sean tan inocentes como las crías de gamos, que lo son, pero parecen mucho menos sensibles y están más alejados de nuestra posición en la escala de la biodiversidad. Podría pensarse que las aves depredadoras son más valientes que las demás, pues seguramente sí, y resultaría que la menda es cobardona y prefiere alimentarse menos conspicuamente, como las cigüeñas.

Otro motivo por el que las cigüeñas resultan simpáticas es porque la tradición les ha atribuido el privilegio de transportar a los cachorros de la nada a la cuna de los mamíferos racionales. Sí, me refiero a esos bípedos sin alas tan capacitados para ocultar sus supuestas vergüenzas, dado que durante tanto tiempo la reproducción fue tema tabú de muchos urbanitas.

Estos últimos son los que menos contacto directo tienen con la naturaleza ya que los campesinos desde tiempos inmemoriales aplicaron la fricción como productora de vida y han ido por el monte frotando cantos para encenderse un fuego y mantenerse calientes. Los habitantes del campo, tienen ocasión de tener una alimentación de lo más variada: todo lo que corre, nada o vuela va a la cazuela, amén de aquello que la tierra ofrezca, bien sea hoja, fruta o grano, mas los productos del supermercado más cercano. Según lo expuesto serían como las águilas.

Los habitantes de las ciudades somos más cobardones, muchos nos sentimos incapaces de matar una gallina pero nos comemos su pechuga con toda tranquilidad. Más que cobardes, pusilánimes y cínicos.  Cuando sea mayor no podré ser águila todavía, así que me conformaré con la segunda opción, seré cigüeña.

Toda mi simpatía hacia este animalito surge no solo de su capacidad para anidar en los campanarios, es decir de situarme por encima de lo sagrado, que es algo muy arraigado en mi estirpe, sino también de su magnífica virtud de convertir lo inservible y perecido en parte de su nido.

Es bien sabido que las aves forman sus nidos con los sobrantes desparramados del lugar donde se encuentran y aunque nos pueda parecer que escogen indiscriminadamente no es así, lo que ocurre es que casi todo les vale. Deben tener una imaginación extraordinaria para encontrarle aplicación a cosas tan diversas. Desperdicios para nosotros material de construcción para ellas. Por tanto, ennoblecen nuestros desechos.

Confesaré que se me escapa la vista hacia los contenedores de basura, podría decirse que en una vida anterior fui mendiga y quién tuvo retuvo, como dice el refrán, pero como estoy segura de no haber sido nada antes de ahora, no me vale. Prefiero pensar que mi creatividad se dispara, como ocurre con las aves, y me gusta encontrar utilidad y belleza en objetos que otros desprecian. Resulta emocionante transformar algo viejo en algo nuevo con ayuda de agua, pegamento, pintura y algún clavo que otro.

Desplazando esta forma de razonar desde el plano material a otro más intangible se siente una gran felicidad cuando una serie de acontecimientos sin importancia se entrelazan para dar lugar a un pensamiento original que engloba a todos los anteriores. Esta debe ser la base de los refranes. Lo mismo debe sentir nuestra cigüeña desde su nido, con su vista de pájaro puede captar su entorno de una vez.

Me aburre mucho ver que todos estamos educados según una escala de valores repetitivos, no se trata de juzgar, pero cierto es que ciertas valoraciones son tan compartidas como los atascos de tráfico en días u horas punta. Supone un enorme esfuerzo mantenerse fiel a dichos valores, a veces no queda más remedio que hacerlo porque nos han hecho creer que en ello nos va la vida, pero otras veces, para mis entretelas, tengo la certeza que puedo cambiar lo que no me guste.

Poco a poco, un buen día, te das cuenta que han cambiado la mayoría de los pilares donde se apoyaba tu vida. Ya no tiene sentido seguir atascado. Tampoco incomodan tanto los pensamientos negativos ajenos porque se sabe que los propios podrían ser aún peores. Vivir con menos dinero es posible porque la mayoría de las cosas no resultan necesarias y si lo fueron ya han cumplido su función y resultan aburridas. Y es que el aburrimiento es una emoción que nos puede dejar exhaustos. Cercano al olvido, que es como decir a la muerte; lo mejor que puede ocurrir en medio de tanta desgana es que surjan tentaciones de cambio. Este ayudará a que no cueste nada abandonar lo que nos está ahogando porque cualquier novedad será mejor mientras nos dure su misterio.

Parece que este proceso es más proclive a edades más maduras, cuando la experiencia debería abundar, es decir cuando se acumula la repetición de errores. Se siente la falta de presión del chorro de vida. Se echa en falta fuerza. Es la depresión que nos acecha y podemos convertirnos en depresivos compulsivos. ¡Qué aburrido es todo! Mejor largarnos. ¿Cómo hacerlo? El paseo debería iniciarse con el músculo del pensamiento, pero si este no está debidamente ejercitado, empezar por un cambio de ambiente ayudaría. Luego hay que “fajarse” bien y preparar una salida de escena lo más digna posible, con las muletas que cada cual considere oportunas. Nadie recordará ya cómo nacimos pero sí cómo morimos, quizás con la basura restante se pueda componer un “collage” razonable.

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