TRASTOS ROTOS

Me siento como un equipo de lo que sea, léase música por eso del ruido, estropeado, quiero emitir lo que siento y el resultado es muy pobre, bastante poco satisfactorio. Me imagino que se debe a la falta de práctica, debería conectarlo más a menudo, debería escribir como ejercicio en sí mismo, para mantener las neuronas de mi cerebro despiertas. Esto es algo que no hago porque siempre he utilizado la escritura a modo de terapia, para contarme las cosas a mi misma y resolver mis angustias. En otros casos ha sido para conseguir algo, expresando mis deseos con vehemencia o justificando mis hechos de la misma manera.

Como ahora se supone que soy feliz, que he conseguido todo lo deseable a mi condición, pues nada, total sequía. Lo peor de esto es que quizás haya ingresado en una etapa poco recomendable a la condición humana, la del deterioro. Este se inicia subrepticiamente y se manifiesta mediante pequeños problemas físicos sencillos de resolver, pero que van en aumento. Esto no es lo peor, ni mucho menos, es que tras el desgaste de mi soporte físico se oculta la atrofia de mi herramienta mental. Ya lo noto en mi incapacidad para retener datos, es decir en mi memoria.

Está bien, mal de muchos consuelo de tontos, pasaré por alto este deterioro, supuestamente generacional; el problema consiste en que tengo una naturaleza de por sí sabihonda, siempre me he creído muy listilla, cosa que ayudaba a mantener la autoestima de la pequeña acomplejada inicial, relativamente alta, y me ha ayudado a sobrevivir hasta ahora.

El paso siguiente, tras una larga secuencia pasos, zancadas y tropezones fue apercibirme de la sinrazón y de la serie más oscura de las características que nos hacen definirnos cómo seres humanos. La viajera que vive en mí  no solo las encontró fuera de sí, sino que encontraron eco en lo más profundo de mi conciencia: ya podía dejar de criticar lo ajeno porque me encontraba incluida en el paquete de las miserias en mayor o menor medida.Aceptar esto fue algo muy doloroso, tanto que no se si todavía estoy repuesta. La consecuencia inmediata fue enmudecer más todavía.

Lo peor de todo es que el enmudecimiento es la antesala de la muerte, del silencio eterno, y la que escribe todavía se sabe viva, a veces enferma, sí, pero no muerta. Solo me quedan dos opciones, seguir callada y desembocar en la mar del mutismo eterno o intentar nadar contra corriente, como los salmones para ir a desovar unas palabras en el nacimiento del río, a ver si con suerte alguna se queda enganchada en alguna rama de la orilla y permanece allí un ratito más largo.

Quiero decir con esto que visto lo visto, lo único restante es luchar. Ahora en el bando contrario: antes por conocer el final del todo, el absoluto, ahora por sobrevivir gracias a lo pequeño: pequeño consuelo, pequeño aprendizaje, pequeña escritura, pequeña aspiración, casi todo pequeño.

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Acerca de emejota

Peripatética.
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