DESOLACION Y DESENGAÑO SE ESCRIBEN CON D DE DOLOR

MARTES, 18 DE DICIEMBRE DE 2012

DESOLACION Y DESENGAÑO se escriben con D de DOLOR

 AQUEL SUEÑO DESOLADOR
Me he despertado antes de amanecer y poco después me he vuelto a dormir.   Es entonces cuando me ha asaltado este sueño, absolutamente desolador. Y no me vale decir, bah, solo era un sueño, porque no era nada menos que uno de esos sueños que a la larga o a la corta muestran los trazos motivadores  de una vida.
En este caso me veía rodeada por personas que me acompañaron en el pasado: mi madre, mi marido que volvía (maldita la gracia), los niños todavía eran pequeños, pero , pero mis emociones eran las actuales….. y me sentía morir, prefería morir infinitamente antes que volver a mis tareas del pasado, visto lo visto.
Me esforzaba en hacer buenos guisos y él me los echaba en cara, muy disgustado,  se mostraba irascible y me amenazaba.   Recurría a mi madre que se encogía de hombros mientras se empeñaba en mostrarme a su nueva asistenta: una pobre mujer de avanzada edad que no podía con su alma, la pobrecilla, pero que al preguntarle por una farmacia de guardia aquella humilde mujer deseó saber si  disponía de línea de internet para buscármela.    Mientras tanto mi madre seguía en su mundo.  No podía contar con su apoyo.
Los niños, pobrecitos, necesitaban atención, tampoco tanta, que eran bastante autosuficientes en este sueño, pero claro, un mínimo necesitaban… y yo postrada …. sin fuerzas para seguir en la brecha.
“Mama, creo que estoy deprimida, muy deprimida, prefiero morirme a seguir viviendo así.  Es necesario que X vuelva con Y y me dejen tranquila, no se para qué ha vuelto, ¿para martirizarme? ¿No encuentro el sentido a nada?  Mamá creo que estoy muy muy muy deprimida y ya no puedo más.
Me despierto, suspiro agradecida por llevar casi veinte años separada, sonrió pensando en Y, no sabe lo bien que me cae la pobre, desde mi perspectiva, evidentemente, y pensar que siente celos, la buena mujer también está apañada. Mis hijos ya son hombres y mayores, esbozo  una sonrisa. ¡Qué bien!  La sensación de falta de fuerzas la conozco, me resulta familiar, sobre todo ante una fulminante bajada de tensión sanguínea.  En esos momentos no eres persona, solo objeto que no se puede mover y te da lo mismo estar viva que muerta.
¿Y sin embargo, a qué motivo se deberá este sueño? ¿Recuerdos? No, seguro que no, mi psique
 nunca ha funcionado así.  Aquí hay gato encerrado y lo he de encontrar.
Sin embargo el día transcurre alegre hasta este momento en que el cielo oscurece el recuerdo del sueño me ha invadido, también he sentido el dolor de esa emoción: “Mamá, estoy muy muy deprimida, ya no puedo más” y ella me da la espalda.
No resulta tan difícil comprender que sentirse piltrafa perdida a su suerte desde lo más profundo del corazón durante tantísimos años, todos los de una  vida a excepción de los primeros tres,  muchos más que los que pudiera durar cualquier mal matrimonio, resulte un buen entrenamiento para una persona con tendencias espirituales naturales, para sentirse capaz de renunciar a toda esperanza y  poder afrontar  el ateísmo más radical.  Ya no queda virtud alguna, mejor nada. Tan cansada. En el fondo lejano todavía  respira aquella niña desvalida…. pero no queda otra que perseguir lo contrario, porque no resultaría justo amargar la vida de quienes le rodean.

Me parece que todo esto se podría resumir con esta melodía.

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Peripatética.
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