LA MADRINA

VIERNES, 8 DE FEBRERO DE 2013

LA MADRINA

EL ESLABÓN DEL PAVOR

Porque pavor implica más que miedo, se puede tener miedo y que este sea el acicate para la acción, ocurre mucho más de lo que nos imaginamos, pero pavor supone miedo paralizante.  Ese que tantos conocemos al principio de nuestras existencias y encima nos sentimos afortunados de poderlo contar, superado o no.




Hola niña pequeña, mi primera nieta, la única que conoceré  y de la que soy madrina.  Esto último supone mucho más de lo que se podría suponer, pero eso dejaré que lo cuentes tu más adelante.  Ahora soy vieja, tengo 63 años  y dentro de seis o siete meses me habré ido.  
A través de estos brazos que te sujetan el día de tu bautizo, al tercer día de tu nacimiento y en la propia clínica para liquidar la cuestión cuanto antes, ibas acompañada por tus padres, por un cura y  por dos desconocidos que hicieron de testigos, nada más. Yo me iré y te dejaré sola en ese entorno. Padres, Aspiraciones (representadas por el clérigo) y MUCHOS DESCONOCIDOS que habrán de acabar formando parte de tu familia, una nueva familia.  Algunos todavía no han nacido, otros acaban de hacerlo, pero eso ya te encargarás de descubrirlo con el paso del tiempo.
 
 
En esta imagen debías tener unos nueve meses y como buena descendiente de quien se acaba de marchar tenías prisa por salir corriendo y descubrir lo que había a tu alrededor. Como también llevas sangre de tu padre no te conformarías con lo cercano y necesitarías irte lejos, lo más lejos posible para seguir aprendiendo sobre lejanos entornos ajenos y hacerlos propios.  
 
 
En el sentido motor fuiste precoz, con una precocidad que caracteriza a los primogénitos motivada por las inocentes aspiraciones de unos padres primerizos.
En esta imagen tu madre, de luto tras mi fallecimiento se toparía con un fotógrafo mientras te paseaba por el Paseo de la Castellana y querría  dejar constancia de su última hazaña. Por entonces tus padres no tenían cámara de fotografiar, bien sabes que nunca la tuvieron,
No te gustaba para nada que te llevaran en el cochecito, ya eras mayor, naciste muy mayor, casi vieja,  algo que te traspasé a través del abrazo  en la primera imagen, de tu madrina y abuela que  en estos momentos te está dictando.
Tanta prisa e inquietud debió  parecerle insufrible a mi hija, tu inexperta madre, pero tan dominante como la mía, tu bisabuela. Ya te contaré alguna anécdota  acerca de ella. 
 


Por tanto, ella, mi hija, tu madre, ideó una estratagema para tenerte quietecita siempre que lo deseara y de la cual da fe esta fotografía. En la anterior se te ve feliz jugando a mantener el equilibrio dentro del cochecito, en esta se te ve triste, quieta, paralizada porque te había colocado un perrito relleno de miraguano  (un relleno anterior al peluche que se distinguía por su feo aspecto) delante tuyo. 
Pero no, no era el juguete lo que te asustaba, sino que a través  de un roto, o descosido en su vientre, se podía percibir el dichoso miraguano saliendosele del mismo a modo de enorme herida, como si se le salieran las tripas.   Ello te paralizaba al instante, te daba terror y ni mirar querías al pobre monigote.  Debías pensar que debería dolerle horrores, o sencillamente que lo que se presentaba  ante tus ojos era algo horriblemente feo.  Demasiado temprano la pusieron delante, pero tendrías que aguantarte y apechugar, como el resto del mundo.


Lejos, muy lejos estaba tu madre de imaginar por entonces que acabarías así, viviendo con perros, y que ella acabaría siendo testigo.

Alrededor de los cuatro años un pequinés te comenzó a perseguir porque corriste demasiado delante de sus hocicos; fue cuando estabas junto a tus padres  sentados en la terraza del Mayte Comodore de Madrid. Al final caíste y recibiste  el primer esguince de tu vida de propina.  Poco después tu padre vino con un cachorrito milrazas, fuiste la niña más feliz del mundo, aquella noche dormiste abrazada a él, a la mañana siguiente tu madre lo hizo desaparecer.
Todos los perros que se cruzaran por tu camino posteriormente tendrían algo que ver contigo, no lo podías evitar, hasta descubriste lo que eran las garrapatas con la ayuda del perro de tu tía, mi hermana  Flora, que vivía en algún lugar de la huerta Murciana; y no paraste hasta quitárselas todas con tu inocente manita  y sin que se enteraran los mayores que eran unos regañones miedicas. Os hicisteis los mejores amigos, poco después te devolverían a la cárcel del  pequeño  piso de siempre  sito en una de las calles de mayor tráfico de la capital, donde todo  era de color gris.


Cuando los tres samoyedos, y alguno más entre medias, se fueron al limbo de los perros fuiste a la perrera a buscar alguno abandonado y encontraste a Pipa, esa preciosidad de cruce entre caniche y pequinés.  Tenía cinco años, no la querían sus dueños porque tenía leishmania y cuatro cachorros muertos en su vientre.  En la actualidad ya tiene dieciocho años y anda ciega, sorda, con problemas de riñón, corazón, dentadura, espalda … y se encuentra muy delicada.




Ya te habría gustado haber nacido en el pellejo de este bebé, pero no suele  acaecer la vida como uno elije. Palabra de tu abuela, que también tuvo su ración de terror  antes  y durante su propia despedida de este mundo…. sin adjetivar…..que para eso llevo muerta el mismo número de años que tienes y se me olvidaron los adjetivos,  por mi limbo no existen.


Esta es la imagen de tu abuela allá por el siglo XIX.  Comprenderás que no es cuestión de hacerte escribir por mi sin dar la cara.

 A ti te tocó lidiar con el eslabón del terror impuesto por alguien, igualmente esposada, contra quien nunca te podrías revolver, lo mismo me ocurrió a mi y también mucho más, como a ti seguramente  te habrá acontecido.   Ese alguien te tendría culposa y emocionalmente maniatada a su mismidad hasta que definitivamente  volviera  conmigo a los 97 años  suyos y a los 61 tuyos.
Zola ya había llegado a tu regazo un poco antes  que esto último acaeciera y Vega recientemente,   ambas arribaron a tu vida enganchadas entre los hilos del destino y se plantaron en tu lecho y en tu solitud voluntaria, que no soledad. Estabas tan acostumbrada a vivir sola desde que te nacieron que no  resultó triste ni gravoso.
Estas dos no eran perras adecuadas para tu circunstancia pero no pudiste evitar  sentir aquel intenso  flechazo por ambas y  ahora ahí  te tengo hecha una vieja rara que solo calza deportivas y siempre va  flanqueada por dos animales que le superan en peso.  Me atrevería a decir que son ellos, los animales irracionales, todos los que se cruzaron por tu sendero quienes a su manera salvaron lo mejor de tu vida.


Me parece que fue a partir de la partida de tu progenitora que te atreviste a abrir, con mucha incertidumbre aquél terror congénito, puede que lo hayas logrado antes de tu fallecimiento oficial, que es lo que viene siendo habitual en nuestro género, o quizás puede que ya estés fallecida en gran medida  pero no te hayas enterado, esto es lo que tendría más sentido..  Todo el proceso desinhibitorio comenzó con una enorme tormenta de rayos y truenos que te ofreció la chispa para intentar “escapar.”. Comprenderás que no lo pueda desear porque en mi limbo los deseos no existen, y si  me estoy manifestando  en estos momentos es porque me encuentro inmersa en tu sangre junto a tantos otros y otras de los que ya habrás tenido noticia y MUCHOS MÁS QUE DESCONOCES.  Eso  mi querida nieta y única ahijada, solo dependerá de ti. ¿o quizás tampoco?

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Peripatética.
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